Con la vuelta al colegio, también  los adultos nos planteamos buenos propósitos para el curso que empieza. Aprender a bailar, mejorar el inglés, programar más actividades con los niños… Pero antes de precipitarnos, este puede ser un buen momento para cuestionarnos qué queremos hacer realmente o qué queremos conseguir en este tiempo.
Pararnos a reflexionar hará que las decisiones tomadas sean más realistas que si nos dejamos llevar y nos exigimos demasiado. De esta forma podremos disfrutar más de lo que hayamos elegido y también obtener mayores beneficios.

  Antes de inscribirnos en clases de chino o de comprarnos una raqueta de padel para pasar más tiempo en pareja, la cuestión clave que nos debe rondar y debemos contestar con más prudencia es ¿qué es lo que quiero para mí?
Sé que resulta difícil hacer este replanteamiento en todas las áreas que componen nuestra vida. Pero sí podemos centrarla en aquellas en las que menos contentos o satisfechos estemos:

  • La familia: satisfechos o no, la familia no se puede cambiar. ¿Pero hemos de hacer siempre lo que esperan de nosotros? ¿O podemos marcar algún límite? Decir no siempre es incómodo y nos genera sentimientos de culpabilidad cuando es a alguien querido.
  • La pareja: envueltos en la rutina y estrés no siempre prestamos la atención que merece ni a nuestro compañero ni a nosotros como pareja. Buscar ese tiempo para disfrutar juntos es algo que nos podemos proponer y mejorar así el vínculo emocional, la complicidad y el proyecto de vida juntos. Pero otras veces el planteamiento ha de ser en la dirección contraría ¿porqué sigo aquí? La misma rutina hace que no vemos la poca conexión e insatisfacción que tenemos. Y no nos cuestionamos el final de una relación que ya no va a ninguna parte.
  • Los amigos: pasar tiempo con los demás es una elección personal. Nos aportan momentos muy agradables pero hay quienes se convierten en agentes tóxicos que nos consumen la energía. Sucede igual que con las familias, la culpabilidad nos cohíbe a la hora de decir que no.
  • El trabajo: necesitamos trabajar para poder hacer frente a nuestros gastos. Pero no siempre volcarnos en exceso nos conlleva mejoras. Saber desvincularnos de los problemas laborales, no hacerlos nuestro, es fundamental. Pero cuando la situación se torna insoportable, barajar un cambio puede ser la mejor alternativa.
  • Nuestro propio cuerpo: Nos bombardean con información sobre cosas beneficiosas para la salud. Esta es la época en que nos solemos proponer ir al gimnasio o practicar algún deporte. Tenemos que ser coherentes y enfrentarnos a metas que podamos realizar. Cuando no nos gusta hacer deporte, pretender ir todos los días al gimnasio será, a todas luces, algo que no cumplamos. Ser realista, proponer cosas asequibles a nuestras posibilidades y a nuestros gustos, será la clave para mantener nuestro objetivo.

Y ANTE TODO…

Vivir el presente. Tener en cuenta que lo sucedido ayer no lo podemos modificar y el mañana ya se tratará cuando se presente. Pretender abarcar más de lo que se puede nos lleva a la frustración. El amplio abanico de posibilidades sobre qué hacer nos proporciona más descontento que felicidad. Hace que nos fijemos en lo que no hemos hecho más que en lo que hemos disfrutado.

  Plantearnos estas cuestiones puede hacernos tomar un camino mejor ante el curso que tenemos delante. Pero además, ser flexible y pensar que en cualquier momento podemos reconducir, nos da la tranquilidad a la hora de elegir.

¿Estás preparado?